Ningún periodista debería inmolarse, dice la cronista argentina Leila Guerriero

Leila Guerriero, en uno de los recintos del Centro Cultural Universitario
Foto: Lucía Vergara

Leila participó en la Fiesta del Libro y la Rosa 2019, en la UNAM. Ahí habló con el BCJB del oficio de privilegio que le permite a quien lo ejerce conocer mundos para otros impenetrables

Se le pregunta a la escritora si tiene algo que decir para animar en su empeño a los periodistas mexicanos que insisten en desenmascarar a corruptos y criminales, poniendo su vida en peligro todo el tiempo. Y la reconocida cronista responde que no.

Decirles cualquier cosa sería faltarles al respeto. Sólo les da las gracias porque lo que escriben le da a la tragedia y al horror su justa dimensión. De cualquier forma, agrega, “ningún periodista debería inmolarse”.

Guerriero (Junín, Argentina, 1967) fue invitada hace unos días a la Fiesta del Libro y la Rosa 2019 de la UNAM. Abrió el evento con la conferencia La Crónica como forma de vida y, tras su charla y decenas de fotos y de libros firmados, platicó con el Border Center for Journalists and Bloggers.

La autora de libros como Los suicidas del fin del mundo y Frutos extraños dice que no hay manera de que el periodismo desaparezca; reconoce, eso sí, que está en una transición dramática: en toda Iberoamérica las viejas formas no terminan de irse y la mayoría de los medios siguen sin encontrar el camino en la era digital.

Pese al escenario adverso para los medios, reconoce que el periodismo encuentra cada día nuevos hábitats: proyectos digitales, podcasts, video, libros… y se mantiene, sin duda, como ese oficio de privilegio que permite a quien lo ejerce conocer y acercarse a mundos para otros impenetrables.

“El ejercicio del periodismo es una forma de estar en el mundo, yo no conozco otra”, dice Guerriero, premio CEMEX-FNPI en 2010 con El rastro de los huesos, un relato sobrecogedor sobre la búsqueda de víctimas de la dictadura en su país.

Guerriero tiene la sensación de que el periodismo no ha explorado las infinitas posibilidades de la era digital. Cree que los periodistas no deben retroceder como ratones asustados ante las nuevas tecnologías y que el llamado para seguir haciendo periodismo es el mismo de siempre: seguir el rastro de nuestra curiosidad.

¿Qué ha dejado en tu vida el ejercicio del periodismo?

El periodismo es una forma de estar en el mundo, yo no conozco otra. Me imagino que, si me hubiera gustado la jardinería y hubiera podido vivir de eso, sería otra manera de estar en el mundo, no poco interesante, por cierto, pero el periodismo ha sido desde siempre para mí, desde el principio, y sigue siéndolo… una profesión estupenda. Siendo uno periodista, puede meterse en mundos en los que no se podría meter de otra manera.

Yo soy siempre la típica persona que pasa por la calle y mira una ventana abierta, y mira para adentro y si algo le llamó la atención se devuelve y vuelve a pasar hasta que ve lo que hay, o escucha una pelea en la calle y para la oreja, esa cosa curiosa entre chusma y curiosa…

Entonces diría que (el periodismo) ha sido eso, como una forma de estar en el mundo y también me ha dado la posibilidad de ver este mundo de muy cerca. Este oficio es la excusa para poder verlo de esa manera.

Dices que el periodista está llamado a visibilizar asuntos que otros quieren mantener ocultos. En México, a muchos periodistas eso les ha costado muy caro. ¿Qué les dirías para que insistan pese a los riesgos?

No puedo dar un mensaje en ese sentido. Yo siento profunda admiración por los colegas que hacen eso… y siento que todo ese trabajo que hacen por visibilizar todo eso es absolutamente necesario, y que tienen que hacerlo. Pero me parece que yo sólo puedo darle unas palabras como lectora agradecida y como ciudadana de este mundo, a veces muy siniestro, en el que leyendo las cosas que ellos escriben uno puede tomar dimensión del desastre, de la tragedia, del horror. De modo que lo único que puedo decirles es un “gracias” muy sentido.

Ningún periodista debería ser un inmolado, ningún periodista debería inmolarse… excepto que uno vaya a un frente de guerra, pero, hasta donde sé, aquí no hay una guerra declarada en términos oficiales.

De modo que yo, desde mi modesto lugar de cronista, no puedo decir nada. Me parece que decir cualquier cosa a los colegas que hacen eso es faltarles al respeto, así que nada, eso, agradecimiento, nada más.

En México, cientos de periodistas se quedaron sin trabajo recientemente. ¿Cómo está el periodismo en el resto de esa América Latina que recorres con frecuencia?

El estado de salud del periodismo, por lo menos en la región de habla hispana, es muy complicado. En Argentina hubo recientemente despidos tremendos, hasta con policías, del diario Clarín, que es el diario masivo de Argentina. Hay despidos todo el tiempo y creo que esto obedece, en parte, a esta gran revolución, y por lo tanto crisis, de una forma vieja (de ejercer el periodismo y la llegada de) Internet…

Los medios no terminan de encontrar el camino para sostenerse en esta nueva plataforma. Desde el inicio todo esto (la información en medios) fue gratis… es muy difícil acostumbrar a la gente a pagar por algo que toda la vida tuvo gratis… a su vez, los anuncios en Internet tienen un costo muy inferior al que tienen los anuncios en papel… es como una paradoja para la que yo no tengo ninguna solución.

Sé que el periodismo no va a desaparecer, pero sé que este es un momento de transición dramático, sobre todo para la gente de prensa, sobre todo para la gente que se está quedando sin trabajo. La crisis en México es una crisis que se comparte ya desde hace mucho tiempo en muchos medios, no sólo de América Latina, sino incluso en otros países, como España.

¿Cómo sabes cuándo tienes una buena historia entre manos, cómo decides embarcarte o no en un proyecto periodístico?    

No tengo respuesta para esa pregunta, es muy disímil, cada vez me llaman la atención las cosas más diversas. Muy sangrientas, muy sofisticadas, creo que ni siquiera me interesa encontrar respuesta a esa pregunta.

Me parece que detrás de esa pregunta hay una especie de deseo de que uno tenga una fórmula para que otra persona encuentre una historia y la única respuesta a eso es que cada uno tiene que seguir el rastro de su curiosidad y yo sigo el rastro de mi curiosidad.

Cuando me dan ganas de contar una historia cuento esa historia y cuando me dan ganas de hurgar en lo marginal paso a otra cosa, no hay una respuesta cabal a eso. Por qué se produce la llamada del deseo, es una pregunta que desde Freud estamos tratando de responder. Así es que no, no hay una respuesta.

A pesar de todo, el periodismo parece estar encontrando nuevos hábitats, ¿coincides?

Me parece que todo lo que se está haciendo, afuera de lo escrito, los podcasts, lo audiovisual, todos son formatos que pueden presentar grandes crónicas. Desde el punto de vista del periodismo escrito, sí, creo que en los libros está encontrando un gran espacio… Me parece que todavía no hemos explorado ese espacio (el mundo digital) con sus infinitas posibilidades…

Sí siento que la crónica no se va a dejar de hacer… me imagino que, en todas las épocas, a uno su época le parece como el “no va más” del avance tecnológico… Cuando no existía la electricidad las velas deben haber parecido el summum… tiendo siempre a pensar algo así como: “ok, ahora es la web”, pero después de esto va a venir algo más todavía. O sea… creo que tenemos una sensación muy falsa de que el futuro ya llegó y es esto y hemos llegado como a la cúspide de algo.

El futuro no llegó nunca, nunca llega, al menos no de manera definitiva, siempre está en construcción. Me parece que no debemos retroceder los periodistas como ratones asustados ante estas nuevas tecnologías, porque cuando terminemos de asustarnos con esta va a venir otra que nos va a asustar peor.

Me parece que hay que estar abiertos a eso y no pensar que lo digital es como la última frontera, vendrá algo más y nos asombrará muchísimo más… quizás ya no lo vamos a ver nosotros. Siento que la crónica se está moviendo y seguramente se moverá, en estos hábitats que hay ahora y los nuevos que habrá en el futuro.

No creo que el periodismo sea un oficio en extinción.